domingo, 23 de noviembre de 2014

Confesión

melancolía

María Fernanda Villamil Villamil

¿Cuánto tiempo más precisas de mí?

¿Cuánto tiempo más vas a tomarme?

Debes saber que aunque te abraces a mi cintura y aprietes tus labios en los míos no estaré, ni seré, ni amaré para ti. Porque en cuanto el sol aparezca y la noche silencie con ella los secretos y mis culpas, olvidaré cuan tormentoso eres en mi adentro. Tú sabes, el refugio del caos en mi pecho y lo indispensable del perdón en la piel.

Te crees inmune pero estás en mi respirar, frágil.  Subes y bajas en su ritmo, a mi ritmo, y te acaricio el pelo que entre mis dedos es un poco mío, y te crees inmune y te descifro, y te crees inmune y te pienso en tu fatal anhelada soledad.

Hacen falta aún algunos días para que me recuerdes cuán pasajera soy en tu vida, porque así mis alas siempre estarán abiertas y mis maletas listas, mientras te crees inmune. Mientras yo me levanto de tu cama y cruzo la puerta. Mientras decido que no hay muertos, más muertos que los que se olvidan.

-Te olvido, mientras te crees inmune. Y das la vuelta. Y ya no estoy-

Mientras, te pesará el cuerpo en recuerdos, en ausencia y entonces te habrás extinguido.

La montaña de miedos

matrimonio

La escena me persiguió toda la noche.  Y no por el reflejo de lo que ustedes tienen que resolver.

Más bien fue una mirada medio fugaz a mis límites.  En el día, van y vienen las insatisfacciones; ese afán de querer controlarlo todo, de ser la primera, de cazar; el capricho de que nadie me cuestione, y la inquietante manía de encontrar explicaciones reales a todos los sinsentidos.

A la final, creo que son valientes.  La verdad, los percibí tan distantes, justo ahora que tomaron la decisión que se acepta solo una vez en la vida bajo juramento, de ir y acompañarse hasta que la muerte la separe.

Me sorprendió imaginarlo a él, impávido, sin poder alguno sobre sus excesos y culpas.  Incapaz de responder a los odios femeninos,  a los fantasmas que le salen a flote, a la debilidad de tener que ser el mismo, viéndose a un espejo que no le reconoce la imagen.

Creí conocerlo, por lo que me contrarió verlo así como siempre, incapaz de responder con una firmeza tan grande como su tamaño.  A la final no me equivoqué. Detrás de semejante estatura solo hay un hombre temeroso.  Una mente brillante y luminosa, aún con trabas por resolver.

A ella, no la culpo.  La vi desbordada, como algún día todas hemos estado.  Menos lúcidas y más arbitrarias, queriendo ser las guardianas de los sueños de amor de quien poco nos merece, queriendo añadir bondades a un espíritu que no despierta; nombrando a la fuerza, la forma estrecha que no encaja.

Como buena recién casada, lo quiere a morir, aunque no sabe que se debilita en la agonía de encontrarlo, y que al final de esas furias poco puede encontrar, porque es una apariencia que tampoco le pertenece.

Tan joven y se ha salido de sus barreras morales, innecesariamente, gritando, huyendo, sacando las garras, cuando al final la idea del amor la obligará a darle el último adiós.

No quiere entender que sí, que también yo he sido incomprendida, obsoleta, dañina, caprichosa, víctima, monotemática, mentirosa, pero inofensiva.

Que sería más fácil respirar antes de dejar ganar la rabia de sentirnos solas.  Que la regulación debería llegarnos, así, tan natural como fluye esa adelantada habilidad para fantasear con el futuro.
La escena me persigue cada noche. El problema no son ellos, son mis excusas.  Mejor cierro los ojos y pongo luz a la montaña de miedos que duerme con las dos.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Sin armaduras

libre2

Luisa Rojas

No sé si esta vez me falta inspiración para escribir, o por el contrario me sobra. Tengo la mente en pleno tornado y si mis conocimientos no me fallan, no hay manera de frenar uno. Solo queda resguardarse, ver cómo se lleva todo a su paso, esperar a que pase y tratar de salir con vida.

En algún momento entré a un par de cafés, hablando de todo un poco. Un buen amigo hizo alusión a que mis escritos están impregnados de mí y no porque sea yo quien los escriba, sino porque es mi manera de, entrelineas, hablarle al mundo de mí. Y sí.

Digo las cosas que pienso tal y como las pienso, pero cuando se trata de las que siento: mis anhelos, mis miedos, mis fracasos, mis sueños; cuando la cuestión es desnudar el alma ante otra persona, me quedo muda. Así que de manera sigilosa me escabullo entre las letras, los relatos, y mi particular manera de describir la vida para mostrarme plena, transparente, muy yo.

Hoy sin embargo no quiero disfrazar el asunto. Solo quiero escribir para desatar nudos, para alivianar la carga, para descansar del mundo por un instante. Soy una persona tan complicada como sencilla; complicada para quien pretenda entenderme y sencilla para quien quiera vivirme.

Me vuelvo fría, distante y me rodeo de barreras cuando alguien se acerca a mi vida, pero cuando me quito la armadura y quedo en mi estado más sincero y vulnerable, soy fogata, ternura, entrega, pasión y persistencia, y aunque la mayoría de veces parece no valer la pena, es esa mi versión predilecta.

Me gusta demostrar las cosas, me gustan los pequeños detalles y sorprender con ellos, me sonrojo con increíble facilidad, hago pucheros inconscientemente más veces de las que quisiera. Sonrío, lloro cuando me lastiman, callo y hago caras cuando me enojo y me decepciono cuando me mienten. Soy impaciente, ansiosa, malgeniada, no me peino y cuento con muchos más defectos.

Soy impulsiva, intuitiva y loca. No sé lo que es pensar las cosas dos veces antes de hacerlas; si me nace, me prende, me motiva y me hace sentir bien lo hago sin importar a dónde voy a ir a parar, porque para mí ha sido más importante el camino que el lugar de llegada. Y no es que esté bien, generalmente me lanzo, me dejo llevar por la corriente y al final del recorrido solo me espera una caída libre. Sin embargo en la vida estamos para aprender y seguramente siga siendo impulsiva pero tengo la firme intención de que la próxima vez que decida dejarme llevar, tendré conmigo un mapa, un plan de emergencia, un botiquín de primeros auxilios y que en vez de ir corriendo, iré a paso lento pero seguro.

Estoy llena de miedos, pero mucho más, de sueños; tengo miedo a caer pero son más fuertes mis ganas de volar; me asusta amar y dejarme amar, pero sé que en algún momento valdrá la pena. Sé que tropezaré mil veces, pero cuento con la fuerza para levantarme y la disposición para aprender.

Me disculpo si esta vez no los conduje a nada, si no llegué a ninguna conclusión o si no les aporte algo valioso. La verdad, sin armaduras, esa era la intención.

Borras las lágrimas

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Federico Acevedo Ramírez

Quisiera llorar tres días seguidos y borrar con cada lágrima un mal recuerdo. Secármelas y con un alma limpia emprender mi camino. Quisiera que fuera realmente mío, el que me corresponde. No quiero volver a andar caminos errados ni a lastimarme en sus desniveles.

Quisiera ser invulnerable al dolor. Qué nadie me pueda hacer daño. Que no anide nunca más la pena en mi alma. Que no llegue ningún altivo  a estropearme la vida. Que los estafadores de sentimientos encuentren la puerta cerrada y asegurada con candado doble. ¡Que quien piense en hacerme daño se lo haga a sí mismo y en doble proporción!.

¿Que hay que tener cuidado con lo que se desea? ¿Que se han vertido más lágrimas por plegarias atendidas que por las desoídas? Yo asumo el riesgo.

A mí que el dolor no se me acerque, que ni me mire de lejos. Lo pido una y otra vez. Con toda seguridad.

Me acuesto a dormir con la esperanza de que todo cambie. Es lo que se hace para no enloquecer, lo que hacemos todos para aceptar las cosas tal y como son.

¿Si resistes, persiste? Lo he comprobado. Pero aceptarlo me convierte en cómplice.
Si no es peleando, ni aceptando, entonces es llorando. Quisiera llorar, pero no puedo.

Gris


ciudad


Carolina Rodríguez Mayo

por mi nadie atraviesa la ciudad
nadie escala montañas
no hay quien desafíe la gravedad
las leyes generales de la física

no soy nadie
soy predecible
soy la fácil

muchas verán contiendas
verán caballeros de brillantes armaduras

yo soy la que acepta las sobras
-o bien- soy la sobra que ellos aceptan
no soy nadie

hay otras diferentes
otras que han visto hombres
correr maratones
por ellas
yo soy sólo observo
los veo a todos correr
todos en dirección contraria

no soy nadie
soy la sobra que ellos aceptan.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Un día para prolongar



Déjame creer que es posible acercarse sin miedo al después, sin restricciones, ni depósitos del pasado, ni culpas a las que fastidiosamente nos acostumbraron los que no buscan señales en la fuerza del amanecer.

Creer que los imaginarios también maduran y que el paso del tiempo no solo tiene que ver con lo finito, lo externo, lo inagotable, sino con explicaciones entendidas por un humano corazón.

Señálame con tu sonrisa el camino de la nobleza y déjame ser la misma de siempre.

Descubre tú mismo que el pálpito de lo que soy es verdad, aunque hayan querido contaminarnos. 

Demuéstrame que adentro nuestra reserva real espera su salida y que este encuentro es algo más que una metáfora atemporal.

Que por más que intentamos cruzar la línea de la frontera, no pudimos dejar de ser los mismos de siempre: soportables en las imprecisiones, las habladurías, las ganas de separar las misiones impuestas por el qué dirán.

Acércame solo a las complicidades privadas que alguna vez soñamos y que ahora compartimos en extraños y amplios saludos de mañana, de tarde, de noche, de madrugada.

Deja que ate el sabor de un emblema que marcas para mí, tan lejos de los miedos, tan cerca de lo que podemos decirnos en absoluta libertad.

Piensa como yo, que hay un día siguiente para prolongar lo que nadie puede arrebatarnos, las palabras contadas en un tiempo más oficial, más burbujeante y prometedor.

Raya tus vínculos sobre mis líneas blancas. Dímelo una y otra vez. Déjame creer que este es un día para prolongar y que es posible acercarse sin miedo a los minutos.

Gris



Carolina Rodríguez Mayo

por mi nadie atraviesa la ciudad

         nadie escala montañas

    no hay quien desafíe la gravedad

                    las leyes generales de la física



                                            no soy nadie

                                                  soy predecible

                                               soy la fácil



muchas verán contiendas

              verán caballeros de brillantes armaduras



                                     yo soy la que acepta las sobras

                           -o bien- soy la sobra que ellos aceptan

                                                                 no soy nadie



hay otras diferentes

     otras que han visto hombres

                      correr maratones

                                   por ellas

                                                     yo soy sólo observo

                                                     los veo a todos correr

                                                                  todos en dirección contraria



 no soy nadie

soy la sobra que ellos aceptan.