lunes, 17 de noviembre de 2014

Sin armaduras

libre2

Luisa Rojas

No sé si esta vez me falta inspiración para escribir, o por el contrario me sobra. Tengo la mente en pleno tornado y si mis conocimientos no me fallan, no hay manera de frenar uno. Solo queda resguardarse, ver cómo se lleva todo a su paso, esperar a que pase y tratar de salir con vida.

En algún momento entré a un par de cafés, hablando de todo un poco. Un buen amigo hizo alusión a que mis escritos están impregnados de mí y no porque sea yo quien los escriba, sino porque es mi manera de, entrelineas, hablarle al mundo de mí. Y sí.

Digo las cosas que pienso tal y como las pienso, pero cuando se trata de las que siento: mis anhelos, mis miedos, mis fracasos, mis sueños; cuando la cuestión es desnudar el alma ante otra persona, me quedo muda. Así que de manera sigilosa me escabullo entre las letras, los relatos, y mi particular manera de describir la vida para mostrarme plena, transparente, muy yo.

Hoy sin embargo no quiero disfrazar el asunto. Solo quiero escribir para desatar nudos, para alivianar la carga, para descansar del mundo por un instante. Soy una persona tan complicada como sencilla; complicada para quien pretenda entenderme y sencilla para quien quiera vivirme.

Me vuelvo fría, distante y me rodeo de barreras cuando alguien se acerca a mi vida, pero cuando me quito la armadura y quedo en mi estado más sincero y vulnerable, soy fogata, ternura, entrega, pasión y persistencia, y aunque la mayoría de veces parece no valer la pena, es esa mi versión predilecta.

Me gusta demostrar las cosas, me gustan los pequeños detalles y sorprender con ellos, me sonrojo con increíble facilidad, hago pucheros inconscientemente más veces de las que quisiera. Sonrío, lloro cuando me lastiman, callo y hago caras cuando me enojo y me decepciono cuando me mienten. Soy impaciente, ansiosa, malgeniada, no me peino y cuento con muchos más defectos.

Soy impulsiva, intuitiva y loca. No sé lo que es pensar las cosas dos veces antes de hacerlas; si me nace, me prende, me motiva y me hace sentir bien lo hago sin importar a dónde voy a ir a parar, porque para mí ha sido más importante el camino que el lugar de llegada. Y no es que esté bien, generalmente me lanzo, me dejo llevar por la corriente y al final del recorrido solo me espera una caída libre. Sin embargo en la vida estamos para aprender y seguramente siga siendo impulsiva pero tengo la firme intención de que la próxima vez que decida dejarme llevar, tendré conmigo un mapa, un plan de emergencia, un botiquín de primeros auxilios y que en vez de ir corriendo, iré a paso lento pero seguro.

Estoy llena de miedos, pero mucho más, de sueños; tengo miedo a caer pero son más fuertes mis ganas de volar; me asusta amar y dejarme amar, pero sé que en algún momento valdrá la pena. Sé que tropezaré mil veces, pero cuento con la fuerza para levantarme y la disposición para aprender.

Me disculpo si esta vez no los conduje a nada, si no llegué a ninguna conclusión o si no les aporte algo valioso. La verdad, sin armaduras, esa era la intención.

Borras las lágrimas

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Federico Acevedo Ramírez

Quisiera llorar tres días seguidos y borrar con cada lágrima un mal recuerdo. Secármelas y con un alma limpia emprender mi camino. Quisiera que fuera realmente mío, el que me corresponde. No quiero volver a andar caminos errados ni a lastimarme en sus desniveles.

Quisiera ser invulnerable al dolor. Qué nadie me pueda hacer daño. Que no anide nunca más la pena en mi alma. Que no llegue ningún altivo  a estropearme la vida. Que los estafadores de sentimientos encuentren la puerta cerrada y asegurada con candado doble. ¡Que quien piense en hacerme daño se lo haga a sí mismo y en doble proporción!.

¿Que hay que tener cuidado con lo que se desea? ¿Que se han vertido más lágrimas por plegarias atendidas que por las desoídas? Yo asumo el riesgo.

A mí que el dolor no se me acerque, que ni me mire de lejos. Lo pido una y otra vez. Con toda seguridad.

Me acuesto a dormir con la esperanza de que todo cambie. Es lo que se hace para no enloquecer, lo que hacemos todos para aceptar las cosas tal y como son.

¿Si resistes, persiste? Lo he comprobado. Pero aceptarlo me convierte en cómplice.
Si no es peleando, ni aceptando, entonces es llorando. Quisiera llorar, pero no puedo.

Gris


ciudad


Carolina Rodríguez Mayo

por mi nadie atraviesa la ciudad
nadie escala montañas
no hay quien desafíe la gravedad
las leyes generales de la física

no soy nadie
soy predecible
soy la fácil

muchas verán contiendas
verán caballeros de brillantes armaduras

yo soy la que acepta las sobras
-o bien- soy la sobra que ellos aceptan
no soy nadie

hay otras diferentes
otras que han visto hombres
correr maratones
por ellas
yo soy sólo observo
los veo a todos correr
todos en dirección contraria

no soy nadie
soy la sobra que ellos aceptan.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Un día para prolongar



Déjame creer que es posible acercarse sin miedo al después, sin restricciones, ni depósitos del pasado, ni culpas a las que fastidiosamente nos acostumbraron los que no buscan señales en la fuerza del amanecer.

Creer que los imaginarios también maduran y que el paso del tiempo no solo tiene que ver con lo finito, lo externo, lo inagotable, sino con explicaciones entendidas por un humano corazón.

Señálame con tu sonrisa el camino de la nobleza y déjame ser la misma de siempre.

Descubre tú mismo que el pálpito de lo que soy es verdad, aunque hayan querido contaminarnos. 

Demuéstrame que adentro nuestra reserva real espera su salida y que este encuentro es algo más que una metáfora atemporal.

Que por más que intentamos cruzar la línea de la frontera, no pudimos dejar de ser los mismos de siempre: soportables en las imprecisiones, las habladurías, las ganas de separar las misiones impuestas por el qué dirán.

Acércame solo a las complicidades privadas que alguna vez soñamos y que ahora compartimos en extraños y amplios saludos de mañana, de tarde, de noche, de madrugada.

Deja que ate el sabor de un emblema que marcas para mí, tan lejos de los miedos, tan cerca de lo que podemos decirnos en absoluta libertad.

Piensa como yo, que hay un día siguiente para prolongar lo que nadie puede arrebatarnos, las palabras contadas en un tiempo más oficial, más burbujeante y prometedor.

Raya tus vínculos sobre mis líneas blancas. Dímelo una y otra vez. Déjame creer que este es un día para prolongar y que es posible acercarse sin miedo a los minutos.

Gris



Carolina Rodríguez Mayo

por mi nadie atraviesa la ciudad

         nadie escala montañas

    no hay quien desafíe la gravedad

                    las leyes generales de la física



                                            no soy nadie

                                                  soy predecible

                                               soy la fácil



muchas verán contiendas

              verán caballeros de brillantes armaduras



                                     yo soy la que acepta las sobras

                           -o bien- soy la sobra que ellos aceptan

                                                                 no soy nadie



hay otras diferentes

     otras que han visto hombres

                      correr maratones

                                   por ellas

                                                     yo soy sólo observo

                                                     los veo a todos correr

                                                                  todos en dirección contraria



 no soy nadie

soy la sobra que ellos aceptan.




lunes, 10 de noviembre de 2014

La fuera de Britanny Maynard




Cerramos los ojos en la misma noche, acompañadas por el afecto que inmortalizamos.  Tú de una forma masiva y polémica.  Yo, en rutinas privadas, compartidas con unos cuantos que llegan a acercarse.  Esos que nos quitan la timidez y nos invitan a volar, sin miedo a decirnos lo que realmente opinan acerca de nuestras decisiones.

Sé que estuviste en una carrera contra el tiempo, en una pelea para descifrar la inmortalidad, en un mar de dudas que también nos dejaste conocer.

Tenías derecho.  ¿Quiénes somos nosotros para cuestionar tu dolor?  Si acaso, podemos reprocharnos la falta de claridad y decisión con la que corremos por el mundo.

Tú en la distancia, quien sabe con qué sentimientos.  Nosotras, de este lado del mundo, debatiéndonos entre el deber ser y los caprichos del universo material al que nos acostumbraron de niñas.

Imaginé miles de veces qué tan temerosa estuviste de quemar las naves y soplar vientos en lo desconocido, lo irremediable, lo inalcanzable.  El fin de tu tiempo y tu felicidad.

Y me quedé pensando qué tanto nos ocupamos con desdicha sobre los demás. Cuánto los utilizamos para nuestros placeres, sin acercarnos a su bondad, sin reflejarnos en sus preocupaciones; solo cuestionando su opinión, creyéndonos las reinas de un tiempo que es tan limitado.

Superé la rabia que me dio pensarte tan pública. Llegué a imaginar que podías dar marcha atrás, y aun así, me dije un par de veces que no me correspondía imaginar los motivos, porque tus silencios y tus palabras elevadas, también hacían parte de lo que no tiene nombre.

Me solidaricé, a pesar de mis miedos y vetos.  Tu decisión es solo una invitación a que entendamos el futuro como un ruido que sabotea las noches y las mañanas.  Que planta la duda sobre si estamos equivocados y no nos deja mirar la esperanza que se posa alrededor de lo que tenemos.  Una carrera contra el reloj.

A primera hora del nuevo día, mis ojos volvieron en sí, con la calma que da escuchar el agua que corre cerca, con la felicidad de recrearse en lo importante.  Pensé que aún tenemos tiempo para recordar a los demás lo que significan en  nuestras vidas.  Eliminar el insano efecto del dolor y acercarnos, en una búsqueda de equilibro, de sensatez, pero también de ternura y palabras nuevas.

Miré por última vez tu foto del pasado.  Fuiste una mujer que decidió sobre su destino.  Una fuerza que superó la portada de revista, la imagen de la virtualidad, amada u odiada.

Mi querida Britanny.  No volverás a abrir los ojos.  Y en cada mañana, muchos te recordaremos, intentando descifrar a dónde nos lleva el camino en el que tú ya tienes una ventaja ganada.

Quizá un mejor lugar que este que nos dejaste, y la gran reflexión que compartiste: “Si cambiamos nuestros pensamientos, cambiamos nuestro mundo. Amor y paz a todos ustedes”.


El dolor del desamor



He de decir con toda franqueza, que es difícil mirar atrás y despedirte.

Apareciste cuando las mareas de mis impulsos y la profundidad de mis confusiones no me permitían deslumbrar el norte de mis sentimientos.

Fuiste una bocanada de aire fresco, que rememoraba la felicidad y me hacía sonreír. Llegaste sin que te buscara y me llevaste a límites insospechados.  Sentí de nuevo la emoción de amar intensamente, aunque viva ahora en carne propia el dolor del desamor.

Luché a diario con la vaga sensación de que nada es para siempre, de que el tiempo contamina lo que un día fue mágicamente inesperado.  Comprobé contigo que la magia se acaba.  Decidiste seguir tu camino sin mí, dejándome en una espiral de dudas del cual no he podido salir.

Extraño nuestras conversaciones.  Los instantes en los que hablábamos de todo y de nada mientras el tiempo parecía esfumarse entre palabras y besos.

Mi lógica exige respuestas, pero admito que aún eres mi mayor incógnita. Me consume la melancolía y llego a este punto sin retorno; sin fuerzas para intentar volver, no me queda más que marchar aunque no haya lugar a donde ir.

Nunca entenderé dónde se rompió y no funcionó, ni por qué no tome de la decisión de buscarte.  Es momento de aceptar que no existen réplicas, que tu forma de ser siempre será difusa.

La luna que me dedicaste será testigo de que recordaré con nostalgia la soledad que esconden tus ojos. Dejaré para después este sentimiento, antes de que termine por llevarme a la ciudad del llanto, donde mi paraíso se convierte en un infierno.

Adiós, llego el día de partir. Confieso lo que no he aprendido aún: el dolor del desamor; la manía de olvidarte.